Una polémica ocurrida recientemente en el Senado terminó abriendo una conversación mucho más amplia sobre dignidad, trabajo y prejuicios sociales. Después de que la expresión “señora de feria” fuera utilizada en medio de un enfrentamiento político, organizaciones vinculadas a las ferias libres rechazaron que el oficio fuera presentado de manera despectiva y respondieron con un mensaje contundente: ser mujer de feria es un orgullo.
Detrás de cada feria libre existe una extensa red de mujeres que comienzan sus jornadas temprano, administran negocios familiares, atienden clientes, manejan proveedores y, muchas veces, combinan esa actividad con las responsabilidades del hogar.
Las ferias forman parte de la identidad de barrios y ciudades chilenas. Son espacios de comercio, encuentro comunitario y abastecimiento, pero también representan una fuente de independencia económica para miles de familias.
La controversia permitió visibilizar algo que muchas veces pasa inadvertido: determinados trabajos continúan cargando prejuicios de clase o género, pese a que cumplen un rol fundamental en la economía cotidiana.
Reivindicar a las mujeres feriantes también significa reconocer el valor del emprendimiento construido con años de esfuerzo, conocimiento y relación directa con las comunidades.
En Somos Mujer, queremos quedarnos con ese mensaje: ningún oficio que se ejerza con esfuerzo y dignidad debería utilizarse como insulto. Al contrario, detrás de muchas historias que parecen cotidianas existen mujeres que todos los días sostienen familias, barrios y comunidades.





